Recortes

     1. Entrevista amb l' autor         

2. Article a Les Provincies

           3. Un altre article                               

1.

Roger Cremades   - ingeniero técnico forestal, profesor y miembro de una empresa de servicios medioambientales.
    19/06/2008

- Tras su estudio sobre las agresiones paisajísticas. ¿Qué conclusiones saca de la situación medioambiental de la Safor?

- Lo que destacaría es que hemos tenido un "boom" urbanístico en los últimos diez o doce años, que nos ha condicionado en gran manera nuestra realidad paisajística. Los pueblos y ciudades de la Safor han comenzado a crecer a su alrededor y en los medios de comunicación se ha lanzado mucha información sobre esta cuestión, pero nadie habla de las consecuencias que ello tendrá en la calidad de vida de las personas, cómo nos afectan estos cambios y cómo nos hacen depender cada vez más del coche, respirar más contaminación o dejar de disfrutar de aquellas huertas en las que jugábamos cuando éramos niños, aquellos caminos de tierra, que ahora están asfaltados y aquellas acequias que nos eran propias y que cada vez cuestan más de encontrar a nuestro alrededor.

- ¿Cree usted que la destrucción del paisaje antropológico de la Safor es un hecho que no tiene remedio?
- No. Yo pienso que en la Safor todavía nos encontramos en un término medio, que puede ser francamente recuperable, en cuando a que Gandia como ciudad puede convertirse en un municipio referente del paisaje valenciano. Hay un río, como el Serpis, unas marjales, unas dunas y zonas forestales de valor incalculable. Lo que pasa es que si urbanizamos encima de las dunas, si hacemos que Gandia se expanda sin freno a su alrededor, perderemos esta oportunidad que nosotros pensamos que es un recurso excelente de cara al turismo.

- ¿Cuáles son las principales amenazas a las que había que tener en cuenta para hacer cambiar la situación?
- El peligro más grande que tenemos hoy en día es la pérdida de la ciudad, o del núcleo rural, como lugar de vida y de convivencia, en base a  sacar de la misma y de los núcleos a la población para que vivan en las macrourbanizaciones y sacar el ocio y comercio a los centros comerciales periféricos.
En toda la historia de la humanidad urbana, que se inicia en la ciudad de Ur en Mesopotamia, esto todavía no había pasado. Es un riesgo muy grande el que estamos teniendo y prácticamente no somos conscientes de esta realidad.

- ¿Cómo ve la situación de las marjales de la comarca de la Safor?
- Veo que las marjales de la comarca de la Safor siguen teniendo problemas muy grandes. No ha habido suficiente en que el ex-alcalde de Pego haya sido el primer cargo público de España en ingresar en prisión por delito ecológico, con todo el conflicto socioambiental que hubo en su día en el marjal de Pego-Oliva. Ni tampoco en que se inhabilitara al ex-alcalde de Xeresa, porque en Tavernes de la Valldigna siguen sucediendo hechos similares, que se pueden ver desde la carretera nacional 332 ó desde el tren. Semana tras semana un trozo más del marjal va siendo soterrado, concretamente en la partida de Campana. La situación en las marjales la sigo viendo crítica. Los poderes públicos no actúan.

- ¿La legislación actual es floja en la materia o deja al juez la posibilidad de actuar o no hacerlo?
- Yo creo que la legislación en la materia es muy clara. La ley de aguas proteje las marjales, el catálogo de zonas húmedas, proteje administrativamente las mismas. Pero lo que vemos es que no hay una protección real por parte de los poderes públicos. No hay una voluntad de ejecutar firmemente estas leyes y de vigilar estos espacios para que no se produzcan las infracciones.

-Usted ha hecho un análisis de los indicadores medioambientales de la ciudad de Gandia ¿qué destacaría de los mismos?
-Estos indicadores medioambientales se hicieron en su día en el marco de un proceso informativo, de cara a abordar con éxito la Agenda Local 21 de Gandia.
De estos indicadores medioambientales destaco el crecimiento de la ciudad de Gandia, que no es muy sostenible porque todo todos los gandienses podemos ver en la parte trasera del IES María Enríquez, que se ha creado mucho suelo urbano, en la nueva zona del final del paseo también. Y se sigue pensando en crear más suelo urbano e incluso se habla de la posibilidad de urbanizar la playa de l'Ahuir.

 -¿Y en la comarca de la Safor?
-Nosotros pensamos que alrededor del tema del territorio, en la comarca de la Safor, se están dando muchos problemas alrededor del urbanismo, del paisaje y del territorio. Por ejemplo vemos como Gandia quiere tener más puerto, pero a cambio de que otras poblaciones de la Safor tengan menos playa. Vemos como en Villalonga, en el Circ de la Safor, uno de los elementos geológicos y paisajísticos más importantes del País Valenciano, hay una cantera que no hay quien la pare. Cómo en pueblos pequeños como Alfauir se están haciendo planes de participación ciudadana para el estudio y conservación del paisaje, que son instrumentos meramente administrativos, que no tienen ningún impacto o implicación social. También vemos una de las barbaridades más grandes que es en Almiserà, se está planificando multiplicar la población por cuatro. A nuestro alrededor continuamente aparecen informaciones de cosas que son absolutamente disparatadas. En mi trabajo analizo lo que pasa sobre este fenómeno y qué consecuencias podría tener, recogiendo la información que día a día en los medios de comunicación no aparece.

-¿Qué peligro reseña usted?
-Por ejemplo que uno de los problemas medioambientales más grandes que tiene Gandia en la actualidad es el de la contaminación por ozono, que es un gas que aparte de protegernos de los rayos ultravioleta de la alta atmósfera, en la baja atmósfera es un contaminante y que aparece a partir de los tubos de escape de los coches. Desde el ecologismo vemos muy claro que Gandia ahora mismo se encuentra en un punto en el que todavía tiene retorno. Tiene dos opciones: seguir creciendo indiscriminadamente en el territorio, hacerse más grande como ciudad y aumentar la movilidad privada como sistema de transporte, con este tipo de centros comerciales periféricos y urbanizaciones a su alrededor, y consecuentemente aumentar la contaminación por ozono, según los informes europeos, que reflejo en mi trabajo, lo que incrementa el número de muertes prematuras, algo preocupante porque disminuye la esperanza de vida de los ciudadanos. O seguir por el segundo camino -que nosotros esperamos que sea el que coja- que es el de querer convertirse en un municipio paradigma del paisaje valenciano. En el municipio que pueda hacer un Parc Natural en las Marjales de la Safor, como recomiendan los expertos, que pueda continuar protegiendo más suelo forestal, rescatar la playa de l'Ahuir mediante un convenio con la Generalitat y el Ministerio de Medio Ambiente, regenerarlo para que sea el diamante turístico que necesita esta ciudad. Y que pueda convertirse en una visión de sostenibilidad clara.

-¿Qué es lo que estáis comprobando en la práctica?
-Vemos que todo el mundo habla de medio ambiente, de sostenibilidad y hay mucha farsa sobre estas cuestiones, sobre todo en los aspectos publicitarios.
Realmente se está haciendo más publicidad sobre el medio ambiente, que actuaciones reales. El 99% de lo que se dice no se hace.

-El futuro ¿por dónde debe pasar cuando hay más vertidos y basuras?
-Una ciudad, cuando más crece, más compleja es. Más flujos de entrada de recursos y de salida de recursos genera y es más complicado de gestionar.  El tema del control del agua y la reutilización de la misma con la tercera fase de la depuradora de Gandia sería un punto muy bueno. Se han de hacer campañas de educación ambiental y de fomento del reciclaje. Y que el transporte en bici sea mayor con una implicación pública.

"Consenso urbanístico y  primer libro"

- ¿Hay que poner freno al desarrollo urbanístico en Gandia?
- Se ha de plantear un consenso en materia del urbanismo en Gandia. Ahora tenemos una ocasión para hacerlo en el seno del plan de la Gandia del 2025, con la renovación del PGOU. Está claro que para que haya acuerdo todas las partes han de ceder un poco. No será nunca ni lo que querrían los constructores ni lo que queremos los ecologistas, pero cuando acabas de crecer tal vez no sea el mejor momento para volverlo a hacer sino para reflexionar hacia dónde queremos ir.

-¿Cómo surgió su trabajo "Macrourbanisme i agressions al paisatge mediterrani"?
- La idea apareció hace cuatro años en unas jornadas de urbanismo sostenible que se hicieron en Madrid, en las cuales me di cuenta que el urbanismo iba a ser el gran problema medioambiental de la década. Y me di cuenta que esto iba a explotar en el sentido urbanístico y en el sentido medioambiental crear muchos problemas, con los crecimientos del tipo de ciudad dispersa,  alrededor de los núcleos compactos. Vi que había que hacer un esfuerzo, estructurar la información y ofrecerla a la sociedad con datos contrastados. Por eso hice este libro.


 

2.

Arriba

 

La mayoría de municipios de la Safor estudian durante esta legislatura modificaciones en sus planes generales de ordenación urbana, que permitan multiplicar por dos, tres y hasta cuatro veces la población actual con la que cuentan.

Esto supone que, en caso de salir adelante en los Ayuntamientos los proyectos previstos, la comarca aumentará en un 44% la superficie de suelo urbanizado.

En la última década, la proliferación de planes urbanísticos ha supuesto un notable incremento del suelo construido en detrimento del suelo forestal o protegido.

Desde el año 1997, se han proyectado en la Safor más de 36.000 viviendas. Para construirlas, se generan 21.848.000 nuevos metros cuadrados de suelo urbano.

Esta afirmación conlleva muchas consecuencias aparejadas. En primer lugar, la ya mencionada pérdida de suelo forestal, que cede en favor de las nuevas zonas de carácter urbano.

Si crece el número de viviendas, consecuentemente lo hará de personas que las ocupen. Concretamente, se calcula que crecería de media en torno a un 64%. Si se computa una media de 2,5 personas por cada vivienda nueva, la comarca tendría 91.390 habitantes nuevos.

De ahí se desprende también un incremento en el número de servicios básicos que se necesitan: calles y carreteras de acceso, y por tanto, vehículos (que producen mayor contaminación); iluminación; recogida de basuras; suministro de agua potable y de alcantarillado; asistencia sanitaria y educativa; y un largo etcétera.

Todos estos datos y reflexiones sobre el irreversible proceso de transformación territorial y paisajística que afecta no sólo a la safor sino a todo el territorio valenciano, forman parte del libro Macrourbanisme i agressions al paisatge mediterrani. El medi ambient i la societat valenciana, escrito por Roger Cremades.

"La total transformación del territorio en un tiempo tan reducido como lo que tarda en implantarse" da una idea de la magnitud del problema.

Para ejemplificar esa situación el autor se acerca a las comarcas centrales donde se dan todos los fenómenos expuestos.

Los huertos desaparecen; se urbanizan las pocas playas que quedan vírgenes; los marjales se reducen hasta el último ullal; y las montañas quedan afectadas por canteras e incendios repetitivos.

Son sólo algunos de los aspectos resumidos que incluye la obra que fue presentada hace unos días en la librería Ambra de Gandia. Y una de las grandes conclusiones que se extraen de su lectura es la gran proliferación de proyectos en la comarca de la Safor.

El boom inmobiliario -que ahora parece ralentizarse- ha coincidido con la crisis económica del cultivo más implantado actualmente en la comarca, el citrícola. Lo que se ha visto favorecido por el crecimiento desorbitado del precio de venta del suelo agrícola -entre 25.000 y 50.000 euros la hanegada- en aquellas zonas donde se proyectan programas urbanísticos, la mayoría de los cuales incluyen un campo de golf. Todo ello conforma lo que Cremades denomina la "ciudad difusa".

Como no existe una planificación que ordene el territorio a escala comarcal o supracomarcal, cada municipio toma sus decisiones en materia territorial sin tener en cuenta ningún factor ajeno más allá de la aprobación de la Conselleria de Territori.

Eso permite el desorden territorial y el crecimiento sin límites de los pueblos. También provoca la incertidumbre sobre cómo serán las comarcas el día de mañana.

Cremades no se queda ahí, sino que además aporta algunas de las consecuencias más negativas de esta tendencia. Un ejemplo: tener una macrourbanización en el término municipal puede suponer un sobrecoste para los habitantes del núcleo tradicional, con el consecuente agravio comparativo.

A modo de conclusión, el libro de Cremades apunta dos agresiones importantes en los espacios forestales valencianos, derivados de la evolución que sigue el urbanismo en los últimos años. Por un lado, la transformación de las vertientes de las montañas en cultivos de naranjos, en un momento en que éste resulta poco rentable económicamente.

Por otro, la proliferación de urbanizaciones a lo largo y ancho de las montañas, con un gran atractivo para las familias.

lasafor@lasprovincias.es

 

 

3.

Arriba

 

Los marjales de la Safor son una valiosa zona húmeda de unas 1.300 hectáreas compartida por los términos municipales de Tavernes, Xeraco, Xeresa y Gandia. Este ecosistema sobrevive dentro de una matriz agrícola predominantemente de naranjos y hortalizas sobre aterramientos más o menos recientes. El libro Macrourbanisme i agressions al paisatge mediterrani, de Roger Cremades recuerda que esta superficie se ha visto reducida por las actuaciones que han hecho para convertirla en terrenos de huerta. Pese a las condenas promovidas por los grupos de defensa del territorio, el escritor advierte que actualmente continúan "las transformaciones ilegales" en Tavernes y Xeraco.

Con el tiempo, la conciencia ecológica de la ciudadanía ha aumentado "pero los poderes públicos continúan sin garantizar la continuidad de estos ecosistemas protegidos". Cremades no sólo denuncia la actual situación, sino que también aporta soluciones. Todos los marjales valencianos necesitan un proyecto global de regeneración para dejar de estar aislados de la población. Eso se puede conseguir si se convierten en una pieza más del potencial del ocio y el ecoturismo. "No hay ningún argumento para retrasar más la declaración de Parque Natural a los principales marjales del Catálogo", afirma.

Y en ello tienen un papel fundamental las administraciones locales, impulsando la compra de esos terrenos y garantizando así su conservación y protección, además de su puesta en valor. "La única solución fácil para acabar con estos conflictos posiblemente sea la compra de tierras por parte de las administraciones implicadas", señala en el libro.

Un ejemplo claro es la playa de l'Ahuir y el cordón dunar que conserva. El Ayuntamiento de Gandia debería implicarse de una forma clara, valiente y decidida para impulsar su recuperación. Asimismo, "hay que modificar urgentemente los PGOU de todos los términos municipales afectados por el Catálogo de Zonas Húmedas para proteger la franja de 500 metros de perímetro alrededor de los humedales".

El libro expone otros problemas medioambientales de la sociedad actual. El aumento de la movilidad que se produce con la urbanización difusa provoca un aumento evidente en los niveles de contaminación.


La contaminación por ozono
Uno de los contaminantes que más gravemente afecta al territorio valenciano es el ozono, que se encuentra en el límite de los niveles para causar graves daños a la población. El ozono, a parte de proteger positivamente a la población de los rayos ultravioletas en la estratosfera, también es un contaminante secundario que se presenta en la troposfera o baja atmósfera, donde se halla la población. Es un potente oxidante que afecta a la capacidad respiratoria que aparece con la combustión de los vehículos.

La contaminación es sólo una consecuencia más de todo lo que se denuncia en la obra de Cremades, en el que dedica un capítulo importante a las Riuades més cabdaloses.

En caso de fuertes temporales, las macrourbanizaciones con campo de golf que se proyectan en la Safor se convierten en un espacio prácticamente impermeable.

Este cambio, según el autor, es muy peligroso en el contexto de clima mediterráneo y, muy especialmente, con el microclima que caracteriza a la Safor.

Las lluvias torrenciales se filtran de manera rápida y natural en el suelo y los acuíferos. Sin embargo, con ese nuevo suelo impermeable, las aguas irán directamente a colapsar el alcantarillado y los caudales de los ríos. Como consecuencia, habrá riadas más caudalosas y, por tanto, más destructivas.